Tarde calurosa y febril.

La mulata se mece en su hamaca.

Tan grácil candor animal.

 

 

Sus ojos destellos de fuego.

Sus labios de miel tropical.

El cabello es pavesa de la hoguera sensual.

 

 

Mientras sus caderas se mecen, sobre el mástil viril.

Al viento retan sus pechos altivos.

Mientras sus perlas brillan al sonreír.

 

 

Yo fui marinero en sus aguas salinas.

De su mano descubrí continentes nuevos.

En su vientre acune millones de sueños.

 

 

Mulata que tiembla entre el ansia entrecortada.

Perdiendo la mirada en el horizonte.

Ve partir al marinero poeta que deja atrás.

Su ardiente puerto  de ébano.